Prensa Chucara

09 de agosto de 2022

Unos tomaron una deuda de 44 millones de dólares y luego fugaron la plata al exterior.

Escrita el Domingo 10 de Julio, 2022
Tras su partida, los que llegaron, dijeron que la honrarían pero que someterían a consideración del Congreso la forma de pago; y así fue como con la ayuda de propios y dizque ajenos, aprobaron un acuerdo que nos obliga a pagar a nosotros una plata que jamás vimos.
En definitiva, estamos pagando un robo que no perpetramos. Sí, mi querido asalariado que se autoproclama “clase media”, con tus impuestos, los míos y los que pagan cada vez que compran un paquete de polenta los que viven hacinados entre cuatro latas, se paga esa deuda con el FMI a la que la mayoría de los legisladores le respondieron con el “sí, se puede” acuñado por Gaticio. ¿Y qué hubo de diferente con la pequeña parte del bloque oficialista que dijo que no en aquellas circunstancias? Bueno, no eran tan diferentes los chicos y muchachas. Ellos también querían pagar esa deuda fraudulenta, pero de otra manera. Por eso solo dieron su presente en el Congreso y aparecieron en la pantallita de votos negativos, pero no llamaron a ocupar las calles para rechazar el acuerdo, como sí lo hicieron las organizaciones de izquierda. Las negociaciones entre Guzmán y el FMI llevaron varios meses hasta que el proyecto se llevó a votar en el recinto. Sin embargo, durante ese tiempo, no se escuchó a ninguno de los chicos de La Cámpora saliendo a denunciar que ese acuerdo iba a significar ajuste y mucho menos llamando al pueblo a movilizarse en contra. El ajuste, mis querides, empezó en diciembre de 2019 con la Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva, cuando les metieron las manos en los bolsillos a los jubilados que ganaban dos monedas más que la mínima porque no les pagaron el aumento que les correspondía ese mes y continuó en diciembre de 2020, cuando se votó una nueva fórmula jubilatoria de ajuste, tal como lo reconoció la entonces diputada Fernanda Vallejos, que también levantó la mano sin que le pusieran un revólver en la cabeza. En el marco del ajuste se desató el “culebrón de la lapicera” entre Cristina y Alberto, y mientras la diva de los stilettos daba su discurso, Guzmán presentó su renuncia por la red social del pajarito. No hay nada de asombroso en la renuncia de un Ministro de Economía. Lo original fue que el presidente se enterara al mismo tiempo que nosotros y quedara pagando después de haberlo defendido tanto. Pero bueno, Cristina y Alberto fumaron la pipa de la paz por teléfono y designaron a Silvina Batakis, que dijo que la economía seguiría el mismo rumbo que hasta ahora. Mientras tanto los Cambiemitas hacen su propio show y nos advierten que si vuelven a gobernar, van a hacer lo mismo que hicieron entre 2015 y 2019, pero más rápido. Así está el escenario de las disputas interbuguresas que se dan al interior del Frente de Todos y con los Cambiemitas. ¿Qué hay de nuevo para nosotros, los laburantes? Absolutamente nada. Todo sigue igual, con las góndolas que todos los días nos indican en sus cartelitos que los precios aumentaron, salarios que pierden frente a la inflación, muchísima gente con empleos precarios- incluyendo a quienes trabajan en distintas reparticiones del Estado- que recibe la mitad de lo que cobra un trabajador registrado, 4.500.000 personas cobrando la jubilación mínima y otras que están en los márgenes más terribles. No hay Salario Básico Universal para los casi 9 millones de mortales que cobraron el IFE en 2020, que era poquitísima plata y se pagaba de manera bimestral. Tal vez algunos habrán conseguido empleo, pero mayoritariamente con modos de contratación absolutamente informales. Tampoco hay Junta Nacional de Granos, ni de Carnes, ni control de los millones de dólares que se evaden a través de la Hidrovía. ¿Eso resolvería el problema principal? No, por supuesto. Para eso tenemos que hacer la Revolución Socialista, y a esa empresa ni siquiera se suman los gorilas que había en la República de Bongwutsi de la novela de Osvaldo Soriano. En el marco del capitalismo, solo puede haber parches que mejoren las condiciones de vida de los sectores populares, sin que por eso se termine con la propiedad privada y la explotación. Pero además, esos órganos de control que alguna vez existieron, fueron pensados en otro escenario político mundial en el que había que disputarle consensos al cuco rojo que habitaba media Europa. Ya no hay cuco rojo. El capitalismo triunfó y se muestra en su fase más feroz. ¿El problema es exclusivo de la Argentina? No, en todo el mundo la pandemia y la guerra han provocado terribles impactos económicos; así que el que quiera probar suerte en otro país, se encontrará con situaciones parecidas. ¿Qué nos queda por hacer a los trabajadores para aunque sea “arrimar un poco el bochín”, como planteó la Jefa en uno de sus discursos? Salir a luchar, llenar las calles. No hay otra manera. Como dijo Scalabrini Ortiz, “Luchar es en cierta manera sinónimo de vivir. Se lucha con la gleba para extraer un puñado de trigo. Se lucha con el mar para transportar de un extremo a otro del planeta mercaderías y ansiedades. Se lucha con la pluma. Se lucha con la espada y el fusil. El que no lucha se estanca, como el agua. El que se estanca, se pudre".






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